No me cabe la menor duda de que la pandemia de la COVID-19 va a suministrar nuevos argumentos a los que defienden la salida de España (junto a estados europeos del sur como Portugal, Italia, Grecia...) de la eurozona. Una salida que, conforme pasan los años, y seguimos de crisis en crisis, se hace más inevitable.
La Comisión Europea, en pro de evitar más casos como el de AstraZeneca, ha puesto en marcha el mecanismo de control de exportaciones de vacunas, una herramienta que le permitirá bloquear la salida de dosis producidas en bloque si una farmacéutica con la que previamente haya llegado a un acuerdo quiera vender sus fármacos a terceros.
Que no están preocupados por el impacto que la pandemia está teniendo sobre muchísimas familias y empresas también se pone de manifiesto en la reiterada oposición y crítica a la mayoría de las medidas que el gobierno español aprueba para combatirla.
Mientras que en España asistimos a un goteo constante y desestructurado de restricciones según el criterio que marca cada comunidad autónoma y sin saber con exactitud el tiempo que durará el estado de alarma, en el resto de países de la Unión Europea el escenario no es mucho menos confuso, ya que la mayoría intenta hacer la guerra por su cuenta contra el coronavirus.
Tras cuatro años en los que la doctrina Trump ha torpedeado casi por completo las relaciones entre Estados Unidos y Europa, los lazos entre una de las naciones más poderosas del mundo y el Viejo Continente pueden verse cortados este noviembre o salir reforzados y entrar en una nueva etapa. Todo dependerá de lo que ocurra en las elecciones de noviembre, de resultado incierto.
Un entramado de pederastas en el que participan muchos de los líderes mundiales mantiene una red global de tráfico de niño, adora al diablo y Trump es el único que los combate. Pese a lo disparatado de su base argumental, QAnon cuenta ya con más de medio millón de seguidores de sus perfiles en Europa.
Mientras algunas naciones como el Reino Unido todavía no han terminado de completar los plazos marcados para sus desescalada, muchos países están experimentando ya un creciente número de nuevos contagios. A pesar de que muchos todavía ven precipitado hablar de segunda oleada, los escenarios dibujados por los expertos situaban el inicio de esta nueva fase entre agosto y septiembre.
Tras jornadas maratonianas en las que incluso se temió que no fuese posible llegar a ningún acuerdo por la negativa del ala dura europea para aceptar las condiciones del fondo de reconstrucción, finalmente en esta madrugada se alcanzó un consenso para dotar a los países más afectados por la crisis del coronavirus un un importante colchón para acometewr las inversiones que consideren.
La canciller alemana disipó toda duda sobre las negociaciones entre “los 27” y adelantó que el pulso entre los países de norte y centro Europa y los del sur, más castigados por la crisis sanitaria y económica, va a ser largo. Las diferencias actualmente son “muy, muy grandes” y las negociaciones “muy difíciles”, insistió Merkel.
Los jefes de Estado y de Gobierno de los miembros de la Unión Europea se preparan para un encuentro en el que intentarán salvar las enormes diferencias existentes a día de hoy en lo referido a las ayudas para la recuperación económica por la crisis derivada del coronavirus. Los planteamientos de los países más afectados, los del sur, chocan con las trabas de los 'halcones' europeos, reacios a un nuevo rescate económico.
Los países pertenecientes al espacio Schengen serán los más beneficiados de esta reapertura de fronteras. Sin embargo, todavía no está claro qué otros países podrán beneficiarse de este levantamiento de las barreras fronterizas, lo que ha provocado cierta inquietud en los países más golpeados por la pandemia, temerosos de nuevos brotes.
La coruñesa será propuesta para liderar el organismo, una responsabilidad que, en palabras de Sánchez, "nunca ha ejercido España y que tampoco ha desempeñado antes una mujer". El Gobierno cuenta con el resapldo de PP, Ciudadanos y Vox para la candidatura de la vicepresidenta.
Una apuesta por la de ortodoxia económica que tendría su continuación en nuevos tratados que firmaron en piedra deberes austericidas para todos los estados de la UEM. Así, con la aprobación de los MEDE y ECG y las reformas constitucionales oportunas, los estados de la UEM se comprometieron a que el control de los déficits y el pago de las deudas públicas tuviesen prioridad sobre cualquier otro objetivo macroeconómico.
La pandemia no es solo un tema de España, no, es de todo el mundo y cada uno mira el lado que le interesa por la proximidad.
El primer ministro británico, forzado a tomar medidas preventivas después del ascenso en el número de casos, da positivo en la prueba del coronavirus.
Tiene mandangas que sea el Primer Ministro de Portugal el que diga que el discurso de los holandeses sobre la España del coronavirus es repugnante.
Bruselas ha propuesto la suspensión temporal de la aplicación el Pacto de Estabilidad y Comercio. Esto significa que las reglas a las que se someten los países de la Unión en materia de fiscalidad comunitaria quedan temporalmente anuladas, lo que abre la puerta a que los gobiernos puedan elevar su gasto público.
Encorsetada en unos rígidos tratados que ya mostraron su inadecuación para superar primero la crisis financiera del 2008 y luego la posterior recesión, la Unión Europea sigue sin dar los pasos necesarios hacia ser quien de actuar como una auténtica unión para así hacer frente con garantías tanto a reto del coronavirus como a la nueva crisis que se nos viene encima y que acelera su impacto por mor de la pandemia. Una actuación cada día más urgente si quiere seguir siendo una unión y con peso en la actual economía mundo capitalista.
Un país soberano engrandece su historia cuando se ve amenazado y sus dirigentes asumen sus responsabilidades ante sus ciudadanos.