La comarca de Monterrei, en Ourense, sufrió este verano la oleada de incendios más grave de su historia reciente, con miles de hectáreas calcinadas, aldeas amenazadas y un paisaje natural marcado por la pérdida. Ahora, cuando el humo ya es un recuerdo pero las cicatrices siguen abiertas, los estudiantes del IES Castro de Baronceli han decidido pasar de la preocupación a la acción con un programa educativo pionero que busca concienciar y promover la recuperación ambiental.
A pesar del frente de lluvias que azota a Galicia, el fuego prendió cerca de una urbanización. Se propagó muy velozmente, alimentado por las fuertísimas rachas de viento de la borrasca. La Xunta advierte que el fuego sigue activo, aunque lo más peligroso parece haber pasado.
El Colegio Oficial de Ingenieros de Montes ha reclamado este martes un cambio estructural en la gestión de los montes españoles para reducir el riesgo de grandes incendios y adaptar el territorio al cambio climático y al abandono rural. La entidad profesional propone descargar el combustible forestal —la masa vegetal acumulada que alimenta los fuegos— mediante actuaciones preventivas, tales como desbroces, pastoreo controlado y quemas prescritas, con el fin de mantener los ecosistemas más limpios y resilientes frente a los incendios.
La demanda "no es muy fuerte" exceptuando un "pequeño repunte a principios de noviembre, por el día de Todos los Santos"
El paisaje del macizo central y el oriente de Ourense es desolador, como muestran las imágenes que hoy publica Galiciapress. Las lluvias otoñales empiezan a desnudar las laderas arrastrando cenizas valle abajo. La consecuencia, varios municipios tienen problemas para asegurar el agua potable. Un problema que se veía venir. Los ayuntamientos culpan a la Xunta, que a su vez culpa a la Confederación Hidrógrafica del Duero, que por ahora guarda silencio.
Los bomberos forestales exigen a la Xunta un servicio 100% público, estabilidad laboral todo el año y critican la "mala gestión" y la falta de autocrítica tras la peor oleada de incendios del siglo en Galicia.
El Parque de Bombeiros de la capital gallega quedó inoperativo el lunes al contar con solo tres trabajadores. La situación podría repetirse a partir de las 22 horas del jueves si no se refuerza de manera urgente a la plantilla, infradotada y que se niega a seguir haciendo unas horas extra que no cobran desde hace casi un año. Los bomberos explican a Galiciapress cuál es su día a día y en qué situación quedan los vecinos y visitantes cuando se declara un incendio pero tienen que acudir desde otra localidad a sofocarlo.
Luis Eusebio Fidalgo es el presidente de la Federación Gallega de Caza. Para Fidalgo la caza es un elemento de consolidación y asentamiento en áreas rurales, por tanto, la actividad cinegética posee valores para evitar el abandono rural. No cree en una emergencia cinegética en relación al jabalí, pero sí considera que los cazadores deben formar parte de toda iniciativa necesaria para el control de enfermedades que pueda transmitir el jabalí a la cabaña ganadera. Es partidario de una regulación sobre la población del lobo y que esta se pueda controlar, no señala directamente a efectuar batidas pero sí al control de este animal ante posibles daños a las cabezas de ganado silvestre y en extensivo.
La comarca de Valdeorras será escenario entre el 17 y el 19 de octubre de una amplia operación de restauración ambiental en los terrenos incendiados este verano. Coordinada por la asociación ecologista Adega y respaldada por los municipios de A Rúa, Petín, O Barco, Vilamartín y O Bolo, la iniciativa movilizará a más de setenta voluntarios procedentes de distintos puntos de Galicia para reparar los efectos del fuego sobre el suelo, los cursos de agua y las captaciones de abastecimiento que surten a buena parte de las poblaciones locales.
Ardió ya más del 20% de toda la provincia de Ourense según los datos de los satélites, cuando todavía no ha concluído del todo la temporada de incendios, pues ayer mismo se apagaron dos en A Gudiña y Rodeiro. La discrepancia entre las cifras del sistema de la Unión Europea y los cálculos a pie de terreno de la Xunta de Galicia podrían explicarse por diferencias metodológicas.
La Consellería do Medio Rural realiza acolchados de paja en zonas afectadas por incendios forestales de este verano para facilitar la restauración de las áreas quemadas y protegerlas de la erosión y evitar ecorrentías.
Pocas cosas polarizan más a los gallegos que el eucalipto. Para unos, es la tabla de salvación económica del rural; para otros, la chispa de los incendios que devora miles de hectáreas cada verano. En el epicentro de este debate se sitúa la moratoria a las nuevas plantaciones, impuesta por la Xunta y cuya prórroga más allá de diciembre de 2025 está en el candelero. Mientras el sector clama por la libertad de plantación, y los ecologistas exigen su prohibición total, hablamos con la portavoz de la Asociación Profesional de Enxeñería Forestal da Xunta de Galicia (APENFOGA) para aportar algo de luz técnica. Basándose en el saber forestal, la asociación desmantela el simplista argumento de que el eucalipto no arde en zonas como A Mariña, y señala directamente al problema de fondo: la ausencia de ordenación del territorio, el abandono del minifundio y la debilidad en la vigilancia.
La catástrofe sufrida es pequeña ante la hecatombe que se prepara. La acumulación de coníferas y eucaliptos en extensas áreas de Galicia anuncia incendios que empequeñecerán los de este año.
La UME colaboró en su extinción, además de 25 técnicos, 273 agentes, 327 brigadas, 175 motobombas, 9 palas, 6 unidades técnicas de apoyo, 15 helicópteros y 12 aviones
En los últimos diez días ha llovido varias veces en los Cañones del Sil. Sin embargo, no ha sido hasta que ha llegado una borrasca considerable, como la del sábado, que se ha podido declarar controlado el icendio originado en Pombeiro, en Pantón, que arrasó parte de uno de los paisajes más preciados de Galicia, los Cañones del Sil en la Ribeira Sacra. Todo un recordatorio de que por muy eficaz y amplio sea un dispositivo antincendios, los nuevos fuegos forestales son muy difíciles de extinguir, sobre todo en zonas abruptas.
Un incendio iniciado en Portugal está cerca de pasar la frontera con Galicia en Calvos do Randín.
Un mes después de que el devastador incendio de Larouco calcinase por completo la aldea de San Vicente de Leira, en Vilamartín de Valdeorras, sus vecinos alzan la voz. A través de una carta abierta, no solo denuncian el "abandono institucional" y reclaman un plan integral de reconstrucción, sino que lanzan una seria advertencia: la llegada de las lluvias otoñales podría provocar escorrentías y corrimientos de tierra que amenazan a los núcleos de población situados monte abajo, como San Miguel de Outeiro o la propia villa de Vilamartín.
La ley ya impide cazar en los cotos afectados por el fuego durante dos años. Sin embargo, la magnitud de la ola de incendios de este año lleva a los ambientalistas a reclamar la prohibición de la caza en las zonas limítrofes no afectadas. La respuesta de la Xunta se ha centrado por ahora en ayudas a los cazadores.
Hace décadas que es ilegal plantar eucalipto en zonas de cultivo. Desde hace unos años, además, es ilegal plantarlo en terrenos donde no se haya plantado antes. Sin embargo, la asociación de técnicos forestales que tabaja en la Xunta apunta a que la superficie de esta árbol pirófila, que aprovecha los incendios para ganar terreno, sigue creciendo debido a las plantaciones ilegales.
El incendio registrado el jueves de la pasada semana en el municipio lucense de Pantón (Lugo), parroquia de Pombeiro, y que afecta a una superficie de unas 2.000 hectáreas --parte de ellas en el ayuntamiento limítrofe de Sober-- ha quedado estabilizado a las 19,16 horas de la tarde de este lunes.