Teodoro García Egea, secretario general del PP, aseguró este lunes en una entrevista para la Cadena Cope que el PSOE ha aceptado una de las condiciones impuestas por los líderes de la oposición en el proceso de renovación el Consejo General del Poder Judicial. No obstante, esa afirmación difiere de la versión de Moncloa.
La moción de censura presentada ayer en Ribadavia provocará la renovación del gobierno municipal gracias a la alianza entre PSdeG y Ribeiro en Común. Una alianza a la que se podría sumar próximamente el BNG y que permitirçia aprobar los tan ansiados presupuestos.
La polémica en torno a la conversación filtrada en un chat de militares retirados sigue provocando nuevas reacciones, en esta ocasión de un grupo de militares en activo que han hecho público su apoyo a los responsables de la conversación, en la que afirmaba que había que “empezar a fusilar a 26 millones de hijos de puta”.
Si la memoria no me engaña, es la primera vez que la izquierda abertzale (en este caso BILDU) le da el voto positivo a una actuación del gobierno español. Y no a una actuación cualquiera, ya que se trataba, como señalaba, de los Presupuestos del estado para el año 2021.
Está fuera de toda duda que con la aprobación de los Presupuestos 2021 se abrió en España la puerta tanto a un nuevo ciclo como a una reagrupación novedosa de los actores en el escenario político español. Los datos que avalan esta afirmación son contundentes.
Los partidos de la oposición contra el Gobierno de Nicolás Maduro cargan con dureza contra la fuerza bolivariana, que presume de haber ganado en las elecciones al Parlamento de Venezuela, pese a que las cifras que ofrece la oposición aseguran que solo un 18,3% de los llamados a las urnas ejercieron su derecho al voto.
Algo que podemos comprobar de nuevo ahora en esta recesión y en el seno de la propia Unión Europea cuando los estados con menor presión fiscal son los que están soportando un mayor peso de las deudas públicas al tiempo que los de mayor presión fiscal tienen una deuda menor.
Uno de los argumentos más demagógicos utilizados regularmente por las derechas españolas y gallegas, entusiásticamente apoyados por sus medios de referencia, es aquel que afirma que con ellos en el gobierno se bajan los impuestos mientras que con las izquierdas se suben.
La ausencia en un primer momento del vicepresidente Pablo Iglesias en la gestión de los fondos europeos, pese a su posterior rectificación, es solo el último de los episodios de un matrimonio entre socialistas y la formación morada que ha protagonizado en los últimos diez meses más de una crisis institucional.
Un escenario político que los barones socialistas, nostálgicos del bipartidismo y la alternancia (PSOE, PP), con sus comportamientos parecen querer que se ignore. Comportamientos que no los dejan en muy buen lugar como tampoco su preferencia por unas prácticas políticas que tienen más de conspirativas que de democráticas.
Reformas que alcanzan a asuntos muy relevantes y centrales del régimen del 78 y que van desde la jefatura del estado hasta el poder judicial, pasando por la definición del propio estado español como un estado plurinacional.
Es difícil encontrar voces que cuestionen su enorme déficit democrático, porque la democracia más antigua del mundo es hoy una democracia muy limitada tal que son las clases más ricas y poderosas quienes marcan la agenda política, quienes gobiernan.
Habían pensado que la pandemia había pasado de largo, hacia otros lugares, y relajando las medidas ha vuelto a coger a muchos jóvenes y mayores desprevenidos. El incremento de casos positivos es muy preocupante y la economía gime al ver que no hay margen para la famosa autorregulación del mercado.
En el corto espacio de dos semanas se produjeron en España una serie de acontecimientos relacionados con la corrupción partidaria y la actuación partidista de la justicia que justifican sobradamente que se califique la democracia española como una democracia deficitaria.
Las últimas elecciones autonómicas colocaron al Bloque Nacionalista Galego (BNG) de líder de la oposición en Galicia por segunda vez en la historia de la autonomía. Sin embargo las condiciones en que se produce ahora son diferentes a la vez anterior.
Agotamiento del proyecto. Esa es la razón que los miembros de En Marea han expuesto este sábado para dar la puntilla a la organización que otrora lideró la izquierda gallega y se postuló como dueña del espacio del cambio. Apenas un lustro después de su formación, la experiencia de En Marea llega a su fin después de dos años de vaivenes en donde la fuerza política ha protagonizado más escándalos y peleas internas que triunfos políticos.