La ciudad herculina renunciará mañana a ser sede de la Copa del Mundo que celebrarán conjuntamente España, Marruecos y Portugal, tras ser incapaz de satisfacer las exigencias económicas y de infraestructura impuestas por la FIFA para reformar Riazor y convertirlo en un estadio de más de 40.000 espectadores. Inés Rey, la alcaldesa, y el presidente del Deportivo y dueño de Abanca, comparecen mañana.